Posteado por: lasalute | abril 26, 2010

Diagnóstico prenatal. El milagro de las ecografías en África

Recuerdo que cuando llevaba poco tiempo en Nairobi un keniano me preguntó si era cierto que en mi país la gente sabía el sexo del bebé antes de nacer. Con una sonrisa a punto de convertirse en carcajada le dije que sí, que era cierto que en España y en muchos otros países es habitual saber el sexo del futuro bebé antes de que nazca. Le dije además que eso se sabía gracias a una técnica llamada ecografía. Me respondió que para él eso no era tecnología, sino un milagro.

Era mediados de 2008 y todavía yo no era consciente del pésimo estado del sistema sanitario africano, donde millones de niños y adultos fallecen por causas tan sencillas como la falta de diagnóstico o vacunas, el cólera o la diarrea. Un año y medio después, sé que la ‘extravagancia’ de molestarse en conocer el sexo del bebé o incluso de saber si el feto llega con complicaciones a través de ultrasonidos es cosa de pocos.

Ahora, en Korogocho, uno de los tantos suburbios que rodean Nairobi, el milagro de las ecografías –como lo llamaría mi amigo keniano- es posible gracias al empeño de Moses Okoth y su recién estrenada clínica Rehema Healthcare Organization. Con apoyo, formación y financiación de la Fundación española África Digna y del doctor español Albert Bossy, Moses acaba de abrir las puertas de la primera clínica-ONG que hace diagnósticos prenatales a un precio considerablemente menor que el precio del mercado: seis euros frente a los 25 euros que cuesta en cualquiera de los escasos hospitales privados de Nairobi que cuentan con la tecnología.

La ecografía, una prueba rutinaria

Todo empezó hace unos años, cuando el español Albert Bossy vino a Kenia a formar a médicos. Enseguida se dio cuenta de que Moses Okoth, que había perdido un hijo por culpa de un mal diagnóstico ecográfico, tenía mucho potencial y decidió volcarse en su futuro profesional. Consiguió que en mayo del año pasado, Moses visitara Barcelona y estudiara cómo hacer una ecografía y realizar un diagnóstico durante un mes en la Clínica Corachán y en el Hospital San Joan de Deu. “Lo que más me impresionó de mi visita fue que en Barcelona me di cuenta de que hacerse una ecografía era rutinario. El 90% de las mujeres embarazadas se las hacía. En cambio, en Kenia, es algo muy excepcional. Sólo el 10% de las mujeres piensa o tiene dinero para hacerse un examen de ultrasonidos”, cuenta Moses en su clínica, un centro sanitario modesto, pero limpio y con un betún de profesionalidad que brilla por su ausencia en muchos otros centros sanitarios africanos.

Moses, técnico de laboratorio de formación, atiende en su pequeña consulta a unas 30 pacientes por semana. Allí, les explica la importancia de ver cómo evoluciona el feto y además les da consejos sobre alimentación y lactancia e incluso les ofrece la posibilidad de hacerse una prueba para detectar la malaria o el sida. En nuestra visita al centro, nos encontramos a Beatrice Atieno, una joven de 25 años y embarazada de cinco meses. Asegura que sabe de la importancia de hacerse una ecografía, pero no entiende muy bien para qué sirve. A pesar de que Moses constata que todo parece estar en orden, Beatrice se ha llevado un disgusto al saber que dentro de cuatro meses tendrá una hija. “Ya sabes, en África queremos niños. Los hombres heredan todo y la mujer se casa y abandona el hogar familiar”, dice Beatrice segura y convencida de su mala suerte.

Mientras atiende la pantalla del equipo que le muestra el bebé de Beatrice, Moses cuenta que estar embarazada en África no siempre es una alegría. Para empezar, muchas de las mujeres encintas no pueden permitirse dar a luz en centros sanitarios en condiciones, expuestas por tanto a infecciones y riesgos quirúrgicos que pueden acabar con sus vidas. “Dar a luz en un centro sanitario básico cuesta unos 6.000 chelines [60 euros]”, cuenta Moses, que recuerda que los precios en un centro hospitalario ‘decente’ pueden dispararse hasta varios miles de euros. El coste del parto, una cantidad que puede parecer irrisoria en el mundo occidental, supone un esfuerzo económico gigantesco para muchas mujeres en un país donde el sueldo medio mensual es de 40 euros y donde el Estado no ofrece servicios sanitarios gratuitos.

Para la doctora Mercedes Barceló, presidenta de la Fundación África Digna, el caso de Moses y su clínica es “único y excepcional”. “Desde que visitó Barcelona, Moses dijo que quería trabajar como se hacía en España“, cuenta desde la clínica de Korogocho, donde se encuentra de visita. La doctora Barceló me explica que el caso es único por tres razones: es un africano el que lleva las riendas, las ecografías son mucho más baratas que en el resto de clínicas y además el centro no tiene ánimo de lucro.

Según cuenta Lluís Miret, director de la Fundación África Digna, la organización española -especializada en educación y salud- ha apoyado económicamente el nacimiento del proyecto, si bien el objetivo es que en dos años la clínica sea autosuficiente.

Naciones Unidas calcula que cada minuto muere una mujer en el mundo por causas relacionadas con el embarazo y el 99% de esas muertes se produce en países en vías de desarrollo. Un panorama desolador para muchas mujeres en Kenia y en el mundo que viven el embarazo como una experiencia de alto riesgo. La ONU asegura que cada año mueren medio millón de mujeres debido a complicaciones en el parto. Un dato que pretende reducir en tres cuartas partes el quinto de los ocho Objetivos del Milenio para 2015.

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